COMENTARIO EVANGELIO DOMINGO 5 de noviembre Mt 23,1-12

En este pasaje evangélico parece, a simple vista, una diatriba más de las muchas que tuvo Jesús contra los escribas y fariseos. Sin embargo, si miramos con cierto detenimiento descubriremos cosas que nos sorprenderán.

Cuando le dice a la gente que no hagan lo que hacen pero sí lo que dicen, no podemos dejar de pensar en que Jesús es es auténtico maestro de vida, porque lo que dice lo hace. De alguna manera está señalando a quién hay que mirar para hacer lo que dice e imitar cómo lo hace. No olvidemos que Él tiene palabras de vida eterna.

Rechaza todos aquellos aspectos que denotan el afán de ser vistos y quedar bien ante los demás. Sin embargo, sin hacer un gran esfuerzo, nos viene a la mente aquellas palabras de Jesús: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11,29).

También rechazará que se llamen maestros y padres vuestros, porque uno solo es vuestro Maestro y Padre y todos somos hermanos (Lc 11,1-2).

Y siempre, como clave de su enseñanza y mensaje, el servir. Es decir, el auténtico discípulo y maestro es el que se pone a los pies de los demás. Se da cuenta que su oficio está en amar mucho y la única manera de amar es buscar el bien de los demás. Por eso, el primero entre vosotros será el servidor. Y esto, inevitablemente nos lleva a mirar a Jesús en la última cena, cuando despojándose de sus vestidos se ciñe una toalla y se pone a lavar los pies de los cdiscípulos, como un esclavo que está a disposición de los demás (Jn 13).

En este pasaje, como hemos visto, se manifiesta la impresionante figura de Cristo. Pero un Cristo activo, en servicio, predicando con su ejemplo y su vida. Un modelo para nosotros. Y más que un modelo, un camino nuevo con un estilo propio: el seguimiento radical de Cristo.

P. Luis de Prada, dcjm