COMENTARIO EVANGELIO DOMINGO 3 de diciembre 2017 (Mc 13,33-37)

           En este Evangelio del 1º domingo de Adviento del ciclo litúrgico B se nos invita a la vigilancia constante, esperando la venida del Señor. Es una llamada insistente a permanecer en vela, es decir, a esperar al Señor en oración día y noche porque no sabemos cuando puede venir el Señor.

            Esta espera sirve para fomentar en nosotros el deseo y la súplica de que venga el Señor. Es como la “cuenta atrás” para que llegue el Deseado de los pueblos y fomenta en nosotros la esperanza de que vendrá y no tardará en venir.

            El texto puede parecer negativo si lo consideramos desde el punto de vista negativo. No se nos dice ni el día, ni la hora… parece como si de improviso quisiera venir el Señor a “sorprendernos” (“no sea que venga inesperadamente y os sorprenda”). No, no puede ser ese el único sentido. Sería muy pobre, debe haber algo más pues, si no, estamos ante un Señor tiránico y despóta que busca “cazarnos”.

            Leí, en unos autores italianos, que el silencio del Señor sobre el día y la hora de su llegada ha de entenderse, no como algo arbitrario por parte del Señor, sino como un señalar que cualquier momento y hora es bueno para leer el Evangelio, para empaparse en el amor del Señor. Así su venida, de alguna manera, depende de la apertura de nuestro corazón. Esto porque la oración abre el corazón a recibir a Dios. Así se entiende que el Señor puede llegar en cualquier momento de oración de nuestra vida.

            Recordemos que el adviento nos hable de la venida del Señor. Pero hay tres venidas. La 1ª fue cuando vino en carne mortal; la 2ª es muy amplia porque el Señor viene en los sacramentos, en la oración, en las obras de misericordia… y la 3ª será la venida final en gloria y Majestad para recapitular todas las cosas en Cristo.

            Por eso, velemos en este tiempo.

P. Luis de Prada, dcjm