COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO 8 DE OCTUBRE (Mt 21,33-43)

DOMINGO 8 DE OCTUBRE (Mt 21,33-43)

Jesús insiste, una y otra vez, en avisar al pueblo elegido de su caminar errado ante Dios. Lo hace, como es su costumbre, acudiendo a parábolas que tienen como eje central la viña, magnífica imagen familiar del Reino de Dios.

El pueblo judío era el elegido por Dios. Un pueblo que tenía las promesas y las bendiciones de Dios (los frutos de la viña). Pero un pueblo que no acepto los designios de Dios y, por tanto, no dio el fruto que el Señor le pedía. No contento con esto, fue eliminando sistemáticamente a los enviados (jueces, profetas) que Dios les mandaba para avisarles de su extravío. El culmen llega cuando el pueblo elegido, en su rechazo, llega a matar al Hijo de Dios, enviado para la salvación del pueblo.

Jesús anuncia, proféticamente, que le van a asesinar para quedarse con la viña. El pueblo elegido no puede entender a Dios porque se ha hecho una imagen propia del Señor y vive encerrado en sus tradiciones y leyes. De aquí la frase lapidaria de Cristo: “Se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos”.

El Señor usa también el símil de la piedra angular sobre la que se asentaba el templo. Esa piedra, desechada por el pueblo judío es Cristo, la piedra angular que el Señor ha hecho y desde la que se construye el nuevo templo: La Iglesia.

Lo mismo nos puede suceder a nosotros, que no entendamos los frutos que Dios nos pide y corramos el peligro de que se nos quite el Reino de Dios.

P. Luis de Prada, dcjm