COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO 24 DE SEPTIEMBRE (Mt 20,1-6)

En este domingo se nos propone la conocida parábola de los “denarios”, parábola sujeta muchas y complejas interpretaciones. Se nos cuenta la historia del propietario de una viña que contrata trabajadores a distintas horas del día (desde la mañana hasta la última hora de la tarde) por el mismo salario. Esto, a la hora de cobrar, suscita las quejas de los que fueron contratados a primera hora diciendo que no es justo, porque han trabajado y sufrido más que los que han sido contratados a última hora…Frente a la actitud del propietario de pagar a todos por igual, sin hacer distinción de tiempos, un denario.

En el fondo es una lectura muy simplista y terrena de Dios. La viña es el Reino de Dios, hemos sido llamados a trabajar en él. Unos a primera hora, otros al mediodía,… y otros al atardecer. La paga es la misma para todos: El reino de Dios o si queremos el Cielo.

La visión humana no deja de ser pobre y egoísta. Sin embargo, la visión de Dios nos muestra su bondad y generosidad. Quiere que todos los hombres se salven, ya sea desde las primeras horas como desde las últimas… Esta visión choca con nuestro limitado punto de vista de hacer a Dios a nuestra imagen y que ha de actuar según nuestros criterios humanos, tantas veces tan pobres y mezquinos. Por eso no nos tienen que extrañar las palabras finales de este pasaje: “Así los últimos serán primeros y los primeros los últimos”.

Dejemos que Dios sea Dios, un Dios bueno que quiere que todos los hombres le conozcan y vayan a su viña. Y por otro lado, deberíamos gozarnos y alegrarnos, si hemos tenido la providencia de ser llamados a primeras horas, de poder servir y trabajar en esta viña, para este Señor tan bueno.

 

P. Luis de Prada, DCJM