COMENTARIO AL EVANGELIO 19 de noviembre Mt 25,14-30

Se avecina la fiesta de Cristo Rey con la que se cierra el año litúrgico. No dejan de repetirse las llamadas y avisos de alerta y vigilancia ante la inminente llegada del Señor: ¡”Qué llega el Esposo! Velad pues no sabéis ni el día ni la hora”.

Es una apelación a la responsabilidad ante la próxima llegada del Señor.

Este domingo, el último antes de la fiesta de Cristo Rey, sigue la misma línea de llamada a la responsabilidad con la parábola de los talentos.

Dios da a cada uno, en función de sus capacidades, unas cualidades como dones. Estos son para que los usemos no solo en provecho nuestro sino, principalmente, en servir a Dios y al prójimo.

Es muy importante caer en la cuenta que son dones y que responden a una dinámica. El don es gratuito, según el criterio del donante, así uno recibe 5, otro 3 y otro 1. El don, como exigencia interna propia de su naturaleza, pide que se les haga fructificar. Es decir, es una forma de crecimiento de la persona. Y al final, el que recibe el don debe responder ante el Señor de su uso, cuando vuelva el Señor.

El evangelio va relatando como las dos primeras personas, que han recibido respectivamente 5 y 3 talentos, han hecho fructificar estos dones y la recompensa que reciben por su diligencia y sagacidad en saber sacar rendimiento.

El problema es la última persona que ha recibido 1 solo talento. Es un aviso de lo que no se debe hacer. Esta persona lo entierra, imagen de una forma de pereza que no hace fructificar el don. Lo devuelve como lo ha recibido. Esto, lógicamente, provoca la indignación del donante que esperaba más de esta persona. Puede parecer un personaje severo y duro y sin embargo impresiona que le diga: “que al menos lo hubiera colocado en el banco, que hubiera producido un interés…”.

Llamada dura y severa a nuestra responsabilidad. Debemos tomarnos muy en serio los dones que hemos recibido de Dios y hacerlos fructificar.

P. Luis de Prada, dcjm