COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO 29 DE OCTUBRE DE 2017

Los judíos, tras acechar al Señor cuando hizo callar a los saduceos, se reúnen para ver cómo le pueden poner a prueba. ¿Por qué? Es claro que ven en Jesús alguien que tira por tierra su “status quo”. Que realmente no se casa con nadie sino con la Verdad y que fustigaba el concepto de ley que tenían los fariseos. Es más, y esto les dolía terriblemente, les llamaba “hipócritas y sepulcros blanquecinos”, maestros de la ley que se adueñaban de las llaves del saber y no dejaban entrar a nadie (cfr. Lc 11,47-54) y esto, los fariseos no lo podían soportar.

Buscan a un entendido en la ley y este le preguntará, para ponerle a prueba, llamándole, fingidamente, Maestro:

“Maestro ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?”

Era una trampa porque la ley recogía casi 600 preceptos o mandatos y esperaban que Jesús callara o respondiera erróneamente.

Sin embargo, Jesús responde con la fuerza de la Escritura lo que es ley para siempre, amar a Dios con todas las fuerzas… Este es el primero y principal de los mandamientos.

Esto es lo que vive Jesús. Ama a Dios Padre con toda su alma, con todo su corazón, con toda su mente, de tal forma que no puede vivir sin hacer realidad esto Y el segundo, que junto con el primero resumen los demás mandamientos, es amar al prójimo como a ti mismo.

Pero el matiz que hace Jesús es muy importante. Este segundo mandamiento es semejante, parecido pero no igual al primero. Por eso la fuerza de del primer mandamiento: “Amarás a Dios sobre todas las cosas”.

Es verdad que Jesús elevará este segundo mandamiento cuando nos pida que amemos al prójimo como Él nos ha amado.

P. Luis de Prada, dcjm